Las amígdalas son dos masas de tejido inmunitario situadas a los lados de la garganta. Están muy activas en la infancia y se reducen en la edad adulta, y a la mayoría de las personas nunca les dan problemas. Para algunas se convierten en un problema recurrente: amigdalitis varias veces al año, cada una con antibióticos y días perdidos; abscesos que se forman junto a ellas; cálculos que se acumulan en sus criptas y provocan mal aliento; o simplemente un tamaño que obstruye la vía aérea durante el sueño.
La amigdalectomía las extirpa. Es una de las operaciones más antiguas de la otorrinolaringología y, aunque las técnicas han cambiado, la decisión de operar sigue basándose en sopesar con cuidado cuánto le están afectando las amígdalas al paciente frente a una recuperación que resulta molesta durante unos diez días.
Motivos para extirpar las amígdalas
Amigdalitis recurrente. El umbral habitual es de siete episodios en un año, cinco al año durante dos años o tres al año durante tres años, aunque el impacto en la vida diaria importa más que la aritmética.
Obstrucción respiratoria durante el sueño. Sobre todo en los niños, unas amígdalas y adenoides grandes provocan ronquidos, pausas en la respiración, sueño inquieto y cansancio durante el día. La extirpación es a menudo el tratamiento de elección.
Absceso. Un absceso periamigdalino es doloroso y peligroso, y cuando se ha tenido más de uno puede aconsejarse extirpar las amígdalas.
Cálculos amigdalinos. Cálculos persistentes con mal aliento o sensación de cuerpo extraño que no responden a medidas más sencillas.
Asimetría. Una amígdala mucho mayor que la otra puede extirparse para poder analizarla.
La operación
Bajo anestesia general, las amígdalas se extirpan a través de la boca, separando cada una con cuidado de su lecho. El Dr. Teker utiliza disección fría o radiofrecuencia de baja temperatura según el caso, y sella los puntos de sangrado antes de que el paciente despierte. En niños con síntomas relacionados con el sueño puede optarse por una extirpación parcial, intracapsular, para una recuperación más suave. No hay incisiones externas. Los adultos suelen pasar una noche ingresados; los niños a menudo vuelven a casa el mismo día.
Qué esperar de la recuperación
La garganta duele durante unos diez días y el dolor suele alcanzar su máximo entre el tercer y el quinto día antes de remitir. Las claves son tomar los analgésicos a horas fijas y no cuando aparece el dolor, y beber abundantes líquidos; con el dolor bajo control, comer y beber resulta más fácil. Una capa blanquecina sobre los lechos amigdalinos es parte normal de la cicatrización. Los adultos vuelven al trabajo en unas dos semanas; los niños suelen recuperar la normalidad antes.
El riesgo de sangrado
Un pequeño número de pacientes sangra por la garganta, con mayor frecuencia entre los días cinco y diez. Normalmente se detiene por sí solo, pero en ocasiones requiere tratamiento, y por eso se aconseja a los pacientes que permanezcan cerca del hospital y eviten los viajes largos durante los diez primeros días tras la cirugía.